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El Chapo Guzmán, su juicio destapa la cloaca

La vida de Joaquín “El Chapo” Guzmán escondiéndose de las autoridades en las montañas del noroeste de México estaba llena de armas militares y con la constante preocupación de ser capturado, “el estrés no lo dejaba dormir”.

El líder del Cártel de Sinaloa, escapó de una cárcel mexicana en el año 2001; subiéndose a  un carrito de lavandería y pasó los siguientes 13 años escapando de la justicia . A veces se escondía en las montañas de Sinaloa, “su terruño” en el lugar conocido como: “El Triángulo Dorado”, zona de  cultivos de plantas como la amapola y la marihuana.

Muchos detalles de su vida escondiéndose de las autoridades, fueron escuchados en el tribunal de Brooklyn, Nueva York, por Álex Sifuentes, quien dijo ser la “la persona de mayor confianza de el Chapo” . Sifuentes trabajó como asistente personal de Guzmán y pasó dos años viviendo con él en las montañas, lo escuchó siempre, y no había nadie mejor  para conocer como pensaba, “hasta con la mirada se entendían”.

“Lo más importante en las montañas es la seguridad”, declaró Sifuentes. “Siempre tienes que estar atento”.

Sonriendo, y una mano en el pecho, el hombre de confianza de “El Chapo” compartió detalles sobre los actos  de Guzmán en el narcotráfico y cómo evadió a las autoridades.

Sifuentes fue arrestado en México en 2013 y luego fue extraditado a USA, donde se declaró culpable de cargos de narcotráfico y firmó un acuerdo de cooperación con el gobierno de Estados Unidos, como testigo protegido, es uno de los elementos claves para que las autoridades hayan podido atrapar “al jefe de fefes”. Testificó en el tribunal con un uniforme de prisión azul, mientras que Guzmán se puso traje y corbata.

“Es la primera vez que lo veo vestido con traje”, dijo Sifuentes, El Chapo, siempre vestía con pantalón de mezclilla, vaquero, camisas extravagantes y cinturón piteado;  mientras la corte, incluida la esposa de Guzmán, Emma Coronel, sentada en la galería, estalló en carcajadas, hasta el mismo Chapo sonrió, ante el comentario de su lugar teniente.

Durante los dos años que Sifuentes trabajó para Guzmán en las montañas, “el jefe de jefes” vestía ropa militar de camuflaje y tenía un lanzagranadas, y su pistola con incrustaciones de diamantes con sus iniciales.

Cuando Sifuentes una vez intentó usar algo que no fuera camuflaje, le dijeron que se cambiara, “para que nos mezclemos con la jungla”.

“Me decían que cambiara porque eso podía notarse desde arriba”, dijo, según dijeron otros colaboradores del cartel.

Guzmán tenía más de siete casas en las montañas de Sinaloa que utilizaba como escondites, y no eran lujosas, dijo Sifuentes, “para no llamar demasiado la atención del ejército”.

Hubo períodos en que el ejército se acercó a las casas donde se alojaba Guzmán, y Guzmán y su equipo de seguridad, secretarios y otros caminaban por el bosque hasta otra de sus casas.

Los hogares tenían vidrios polarizados, electricidad, generadores, televisores de plasma, lavadoras y secadoras, e incluso amas de llaves. Había siete mucamas que se rotaban, y Sifuentes dijo que cree que estaban presentes cuando se discutían los negocios de la droga, pero “obviamente, no podían repetir nada”.

En los días en que el ejército no se acercaba a Guzmán, se despertaba al mediodía y recibía cualquier mensaje que le indicaran. Después del almuerzo, él contestaba llamadas telefónicas “debajo de los árboles” y se ocupaba de los negocios.

Para un exsecretario del cartel como Sifuentes, la expectativa era que se encargaría de la logística de enviar los suministros al escondite de Guzmán en avión. Había varios círculos de guardias de seguridad: algunos estaban estacionados en el perímetro de los escondites, otros estaban en el área de las pistas de aterrizaje y otros rodeaban la casa en la que se escondería. A Sifuentes también se le otorgaron entre 150.000 y 200.000 dólares al mes de gastos para manejar el pago de suministros y personal como granjeros, guardias de seguridad, mensajeros, conductores y pilotos. A los guardias, por ejemplo, se les pagaba el equivalente a 2.000 dólares cada 20 días, y luego se rotaban. Se esperaba que tomara notas meticulosas de todo lo que había que hacer.

“Todos teníamos cuadernos de bolsillo como los que tenía la policía”, dijo El testigo protegido.

Algunas veces las fiestas llegaban a él, incluso en su cumpleaños el 4 de abril de 2008, cuando recibió una lluvia de regalos para satisfacer sus necesidades de seguridad, incluidas motocicletas, una camioneta blanca blindada y un Hummer de camuflaje con sus iniciales.

Las comunicaciones seguras eran una preocupación constante para Guzmán, que se preocupó después de que el gobierno descubriera antenas que su equipo había instalado en zonas aledañas a algunos de sus escondites, dijo Sifuentes.

Eventualmente contrató a un técnico colombiano de comunicaciones llamado Christian Rodríguez, quien instaló un sistema de extensiones, como el de las oficinas, para Guzmán y sus familiares y asociados más cercanos, para que pudieran marcarse presionando unos pocos números.

Rodríguez fue persuadido de cooperar con las autoridades de Estados Unidos y les dio acceso a las conversaciones privadas de Guzmán con amantes y asociados del cártel. Rodríguez también ayudó a Guzmán instalando spyware en los dispositivos de la familia cercana de Guzmán y sus asociados para que pudiera escuchar lo que decían sobre él, dijo Sifuentes.

Las conversaciones que Guzmán interceptó dieron a las autoridades una ventana a las operaciones de narcotráfico de su cartel. En una conversación interceptada entre Guzmán y el hermano de Sifuentes, Jorge, se discutió la compra de un buque petrolero mexicano que tenía una embarcación submarina que Sifuentes dijo que “se puede usar para cargar cocaína”. La compra nunca se realizó.

Otra conversación interceptada, entre Sifuentes y la asociada del cártel Andrea Vélez, los sorprende hablando de una receta de metanfetamina que Guzmán quería. Sifuentes testificó que Guzmán quería asegurarse de incluir un químico en la metanfetamina llamado “monoetanolamina” porque “causa ansiedad a los adictos… los pone más confundidos”.

Guzmán también tuvo intenciones de cruzar drogas desde Estados Unidos a Canadá sobre un lago de Vermont comprando propiedades tipo rancho con botes a lo largo de los lagos, dijo Sifuentes, e intentar usar helicópteros pequeños para mover cargas de unos 100 kilos.

En 2008, cuando las drogas como heroína y cocaína llegaban a Nueva York, uno de los centros del cártel para vender drogas, un kilo, que originalmente costaba cerca de 2.400 dólares, podría costar hasta 44.000, según Sifuentes.

Guzmán se ha declarado inocente de los cargos de tráfico internacional de drogas y conspiración para asesinar a rivales. Así continua el juicio en contra del capo Mexicano, en donde testimonios incluyen la “posible cooperación” del Gobierno de México, para encubrir su carrera delictiva. Esta historia…apenas inicia.

 

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